‘Cooperativas’ de narcos reactivan la ruta africana de la cocaína a reuniones y clubes selectos de Madrid

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Hace unos años, la conocida como ruta africana de la droga se utilizaba de manera secundaria por cárteles suramericanos para introducir la droga en España y, subsidiariamente, en otros grandes países de Europa. Sin embargo, tras la pandemia (y durante ella), los grandes mafias han incrementado su infraestructura y se han unido para traer la cocaína a través de ese itinerario. Fundamentalmente, por estar menos vigilado, campar la corrupción en esos países y porque utilizan, precisamente, a estados en situación de conflicto «donde la droga es moneda de cambio», explica un experto en la lucha contra el narcotráfico.

España es puerta del continente para lo bueno y para lo malo. Y, aunque se calcula que aquí solo se queda el 20% del polvo blanco que entra, la ruta africana está sirviendo para nutrir a clubes selectos y a una clientela ‘de alto standing’ de la capital. «Esa droga no va a la Cañada Real ni a narcopisos, desde luego», ironiza uno de nuestros informantes.

Lo cierto es que, por el parón del Covid-19, como ocurrió con la heroína, se produjo una sobreproducción de cocaína, al no poder moverse hacia Europa por el cierre de fronteras. «Por lo tanto, hay mucha más ahora mismo. Pero los grupos colombianos no quieren invertir tanto dinero en alijos grandes, por lo que funcionan como si fuesen cooperativas, en las que cada cártel pone una cantidad y se diversifican los envíos. Un mismo clan puede poner dinero para alijos en varias remesas o solo en una parte, de modo que si la droga se queda por el camino o es confiscada, solo pierde lo que ha invertido, y no el coste total del alijo», explican.

Ruta africana de la droga

Desde ahí sube a Madrid, a través de Marruecos y Argelia, generalmente en embarcaciones.

Los cargamentos, camuflados en enseres legales, llegan a Costa de Marfil, Senegal, Sierra Leona, Guinea, Togo, Ghana o Benín. De ahí, los trasladan vía terrestre a países generalmente con conflictos, como Siria o Libia, donde la corrupción es rampante.

La droga proviene

de Colombia, Perú y Bolivia, generalmente. Pero sale de las costas de Río de Janeiro o Surinam, en contenedores marítimos.

Fuente: Elaboración propia / ABC

Ruta africana de la droga

La droga proviene de Colombia, Perú y Bolivia, generalmente. Pero sale de las costas de Río de Janeiro o Surinam, en contenedores marítimos.

Los cargamentos, camuflados en enseres legales, llegan a Costa de Marfil, Senegal, Sierra Leona, Guinea, Togo, Ghana o Benín. De ahí, los trasladan vía terrestre a países generalmente con conflictos, como Siria o Libia, donde la corrupción es rampante.

Desde ahí sube a Madrid, a través de Marruecos y Argelia, generalmente en embarcaciones.

Fuente: Elaboración propia / ABC

Por ejemplo, un envío de una tonelada hacia España puede llegar a distintos puertos, como Rotterdam (Holanda), otra parte por Algeciras y otra por Italia. La rama de nuestro país se suele encargar más de la logística, sobre todo del transporte. «Ya no se fía droga, se paga antes de salir del destino», detallan fuentes policiales a este periódico. El precio es de 2.000 euros el kilo, que luego se vende a 35.000.

De ahí ese incremento de la ruta africana hasta Madrid, como lugar de distribución pero también de paso hacia países del Este y Holanda, sobre todo. Se hace un chequeo previo de la ruta, asegurándose que los puertos españoles van a quedar expeditos para la entrada de los contenedores, sobre todo, los de Valencia, Algeciras y Barcelona. Existe bastante corrupción en algunos policías portuarios, encargados de estas plataformas de la Guardia Civil y, en menor medida, en Vigilancia Aduanera.

Un plus de seguridad

Aunque la droga se produzca en España, «ante la presión policial ejercida sobre otras rutas viables, derivarlas hacia el continente africano como paso previo a Europa parece ofrecer un plus de seguridad al transporte», confirma un informe al respecto del Real Instituto Elcano. Los cárteles más comunes son los mexicanos, colombianos, venezolanos y brasileños. Precisamente, de este país y de Surinam salen los barcos con los contenedores, que recalan en la costa atlántica de África: Sierra Leona, Costa de Marfil, Togo, Ghana, Gambia, Benín, Guinea…

De hecho, en los últimos seis meses, la Policía Nacional ha culminado tres operaciones distintas: «El asunto es que no hay buenos servicios de inteligencia una vez que la droga llega a África. Y de esos puertos van a países en guerra o con conflictos continuos, como Libia y Siria, con una corrupción extraordinaria. De ahí, llega a España previo paso por Marruecos y Argelia».

Efectivamente, es una ruta mucho más alambicada e incluso cara que el eje directo Suramérica-España, pero se corren menos riesgos porque los controles brillan por su ausencia y los pagos a autoridades policiales son el pan de cada día. Son los llamados «facilitadores (individuos) o «estructuras ajenas a la organización» (criminales o no, conformando redes), que trabajan bajo la supervisión de «figuras de representantes» de los contratantes para asegurarse de que todo va según lo pactado, explica el Instituto Elcano.

El expolicía español Davesa

La operación Manaos, del pasado 25 de abril, es un claro ejemplo de hasta dónde se puede llegar. El mencionado informe habla de África como «un espacio de impunidad especialmente atractivo para la criminalidad organizada, por su debilidad institucional y la ‘ausencia de estatalidad’ en toda la amplitud del concepto». Y allí es donde operaba el expolicía Miguel Ángel Devesa. Desde Costa de Marfil, trabajaba con el empresario vasco Aitor Picabea Carnes (con tres empresas pantalla dedicadas al transporte y a bienes raíces y no perecederos) y con el marino José Muñiz Cadaval.

«Movían muchísima mercancía en África. Cayeron con casi dos toneladas de cocaína, aunque eran capaces de mover 90 toneladas al año», indican fuentes policiales.

Hace apenas cinco meses, la Brigada Central de Estupefacientes les abrochó las manos y el negocio, en una operación sin precedentes. Eran mercenarios instalados ya en África, una práctica poco común pero tan lucrativa como peligrosa, pues se trata de países, algunos de ellos, donde existe la pena de muerte por tráfico de drogas.

Devesa incluso mató a un colombiano a tiros (y luego lo descuartizó) con la ayuda de un socio portugués y otro del país suramericano, en 2011.

Aunque les pedían cadena perpetua, Devesa y el portugués convencieron al tribunal de que fue en defensa propia y les cayeron solo cinco años. El otro encausado salió absuelto.

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