Casillas y Ayuso inauguran en Torrejón de Ardoz el curso del «esfuerzo y el mérito»

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La vuelta al colegio, una rutina. Una rutina feliz que significa mucho después de una pandemia que se ha hecho consuetudinaria, de que los más pequeños dieran ejemplo de responsabilidad sanitaria en los momentos y de que la educación, como tal, se tuviera que readaptar a todo un sistema, que no hay mal que por bien no venga. Con todo este contexto en el aire, con la inflación y la sempiterna polémica de los libros de texto que hacen proselitismo nacionalista y la discriminación lingüística en los recreos después de la lectura de esos mismos libros, este miércoles se ha inaugurado el curso escolar en Madrid, oficialmente, en el Centro Público de Educación Especial Iker Casillas de Torrejón de Ardoz.

Casi una hora antes de que llegaran Isabel Díaz Ayuso, autoridades varias y un Iker por el que parece no haber pasado el infarto, en la puerta se han agolpado padres orgullosos, y hermanos de los alumnos a los que saludaban por la reja. En el recreo, un chiquillo con una camiseta del Madrid ejercitaba golpes de boxeo mientras la maestra lo contemplaba sonriente y le decía, «boxing, boxing» casi que en tono de pregunta.

Danilo, padre orgulloso de Dylan, se sentía muy afortunado de que el centro se inaugurase, y andaba con otro hijo en el carrito «ilusionado». Ilusión del comienzo de curso que también compartía Carolina, acaso porque sabía que van a «recibir la atención que merecen». Ya sin la mascarilla. Más allá, a la mamá de Triana (su marido es costalero) se le saltaban las lágrimas al hablar de su hija, «la más peque del cole, que ha estado muy malita y que la reconocerás por el pero vaquero y los lazos rosas».

Álvaro llevaba dos rotuladores permanentes y un balón, su hermano es educando del centro, y como comienza sus clases mañana no quiso perderse una firma de Casillas, un «ídolo» que recuerda desde los dos años. 10 de julio de 2010. Una memoria prodigiosa «de la parada y de una fuente, ¿verdad papá».

Instalaciones

Aparte de «la ilusión» generalizada, la directora del colegio, Regina Rico, se ha felicitado de las instalaciones mientras que Elena Calero, jefa de Estudios, ha reconocido el «trabajo y el esfuerzo» de los últimos días y tan obcecada ha andado con las labores previas a la apertura que ni siquiera ha sido consciente de que los aviones de la Base Aérea de Torrejón casi rasean, cada poco, el patio del recreo. Ya les explicarán el cielo al alumnado cuando toque.

A la presidenta madrileña le han aplaudido como en un pasillo humano a su llegada. Enfrente, dos miembros del PEPTA (Plataforma de Educación Pública de Torrejón de Ardoz) pedían su dimisión, aunque el tráfico amortiguaba sus gritos y Carmen y María la besaron como se habían propuesto una hora antes, a la hora del café. «Vamos a ir a cotillear».

El colegio olía a nuevo. Un retrato del Rey sin colgar ni estrenar se divisaba en una sala a medio abrir. En la pizarra de la biblioteca alguien había dejado un mensaje que rezaba: «Si quieres aventura, lánzate a la lectura» y libros ilustrados primorosamente colocados en los estantes.

Ya en materia, y después de que al alcalde de Torrejón de Ardoz se le volaran los papeles y siguiera tan tranquilo («yo ya ni leo lo que me escriben»), de que Iker Casillas recordara cuando en marzo de 2021 «colocaban la primera piedra del centro», ha hablado Ayuso. La presidenta ha defendido «la libertad» frente a la llamada Ley Celaá y ha aprovechado para enunciar las medidas que su Gobierno, en la medida de sus posibilidades, ha implementado. Que en el Bachillerato se estudie «la Transición» y el «terrorismo», o recuperar «la sintaxis» y los números romanos. Y, sobre todo, ha acusado al Gobierno central de «promover la cartilla de racionamiento».

Ayuso, en el gimnasio a estrenar donde ha dado la rueda de prensa, ha defendido la escuela como «la institución más importante de la nación» inaugurando un curso definido como el del «esfuerzo y el mérito» aparte de valorar, en un gimnasio, el debate de ayer en el Senado. Afuera seguían padres e incondicionales de Casillas. El colegio paredaño al de Casillas se llama Juan Sin Miedo y otro avión militar dejaba ver su vientre. Algunos padres esperaban para recoger al niño y llevarlo a Guadalajara, donde viven.

No había monotonía de lluvia tras los cristales.

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